Ubuntu Unity atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su nacimiento, hasta el punto, de que su existencia pende de unas pocas personas. El proyecto oficial que mantiene vivo el histórico escritorio Unity ha reconocido abiertamente que su desarrollo está al borde del colapso por falta de manos, es decir, de desarrolladores involucrados. La versión 25.10 no logró ver la luz en su edición estable por errores críticos, y su principal mantenedor, Maik Adamietz, ha publicado un mensaje en el foro oficial de Ubuntu pidiendo ayuda urgente a la comunidad para salvar a Unity.
La situación parece límite, porque en esa publicación de ayuda Adamietz explica que su compañero Rudra Saraswat, creador original del sabor, apenas dispone de tiempo libre por motivos académicos, así que cada vez hay menos personas implicadas y los problemas se han hecho notar rápidamente.
La consecuencia de esta falta de desarrolladores en el proyecto ha sido inmediata: fallos graves sin corregir, paquetes que no se compilan correctamente y un sistema que ya no puede garantizar actualizaciones limpias desde la versión 25.04. Lo que empezó como una pausa temporal se ha convertido en un punto de inflexión para decidir si Unity seguirá existiendo como sabor oficial de Ubuntu, y por lo que vamos a ver, todo pinta realmente mal.
Desde 2020, el equipo ha mantenido Unity 7 vivo dentro de lo que se suele llamar “ecosistema Ubuntu” con el objetivo de conservar la experiencia clásica del escritorio. Pero según admite Adamietz, la falta de desarrolladores ha frenado por completo el avance hacia Ubuntu 26.04 LTS. Las tareas pendientes son numerosas y urgentes: migrar repositorios de Bazaar a Git, adaptar dependencias obsoletas como pcre3 o libsoup2.4 a sus sucesores modernos, y eliminar componentes sin mantenimiento, como el servidor VNC Vino.
Como no hay personal ni gente para ayudar, todo se retrasa, las cosas no salen, o si lo hacen, no están bien depuradas, y eso no es lo peor realmente.
Parece que se cerrará el proyecto y para siempre. A esto se suma un problema más profundo. Muchos paquetes específicos del entorno Unity ni siquiera logran compilar en la infraestructura actual de Ubuntu, lo que impide publicar imágenes ISO funcionales. El proceso automatizado que genera las compilaciones apenas cuenta con supervisión humana, y el propio Adamietz reconoce que el equipo no tiene la experiencia técnica suficiente para mantener el escritorio sin ayuda externa. Lo que viene siendo un drama en toda regla, por desgracia.
Aun así, los pilares siguen en pie, y por ello, hay una serie de prioridades. Entre los puntos más urgentes, el proyecto necesita consolidar la transición a Git para facilitar contribuciones, actualizar librerías a versiones compatibles con la base de Ubuntu 26.04 y reestructurar la compilación de los paquetes afectados.
El equipo también plantea la necesidad de probar las ISO, documentar errores en Launchpad y evaluar una posible modernización del stack gráfico, aún basado en Compiz y X11. Algunos miembros de la comunidad incluso sugieren iniciar la transición a Wayland, aunque sería una tarea a largo plazo.
En este contexto, Unity 7 se enfrenta a un dilema clásico del software libre: sobrevivir o desaparecer por falta de recursos humanos. Si la comunidad responde, el proyecto podría llegar a tiempo para la versión 26.04 LTS con una base técnica sólida y compatible con el resto del ecosistema. Si no, Unity corre el riesgo de quedar como una reliquia en el archivo de Launchpad, víctima del tiempo y del desgaste de sus propios guardianes al no recibir Ubuntu ayuda por parte de la comunidad de desarrolladores.
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