Si bien hace unas horas hablábamos que en Australia se había disparado el uso de los VPN ante la necesidad de identificarse para acceder a webs para adultos, esto podría ser la norma en el resto del mundo. Al igual que Australia ha sido el primer país en prohibir las redes sociales a menores de 16 años, y el resto de países seguir sus pasos, lo mismo sucederá con la identificación online.
El motivo de todo ello, es que la verificación de edad online ha dejado de ser una promesa torpe o un argumento de despacho para convertirse en una herramienta regulatoria seria. Debido a precisamente esto, las grandes plataformas se están quedando sin excusas para implementar el bloqueo a menores de edad. Alegaban una falta de precisión, o que era técnicamente difícil de implementar, demasiado invasivo y caro. Pero ahora los gobiernos han comenzado a presionar para su implementación porque ahora la historia es completamente la opuesta.
Y sí, como ya habíamos adelantado, verificar la edad ya no es marcar una simple casilla si tienes o no más de 18 años. Ahora existirá un modelo por capas capaz de detectar o verificar la edad de cada persona detrás de un smartphone u ordenador. Desde recurrir a la IA para detectar la edad del usuario detrás del dispositivo, hasta los métodos que son los que realmente se utilizarán. Que son estimar la edad mediante un selfie o video selfie, o recurriendo a documentos oficiales (DNI, ID, carnet de conducir o tarjeta de crédito).
Ese enfoque coincide con la arquitectura que Australia explica oficialmente para su ley de redes sociales para menores de 16 años, con la hoja de ruta de la Comisión Europea para demostrar la mayoría de edad de cada usuario preservando la privacidad, y con los cambios de Apple y Google, que ya ofrecen APIs para compartir rangos de edad o señales de edad con las apps sin revelar necesariamente la fecha de nacimiento exacta.
Que ahora se quiera "incentivar" su uso, se debe a que esta tecnología ha mejorado notablemente en dos aspectos: precisión y coste. Según se indica, los análisis automáticos básicos suelen costar menos de un dólar por usuario. A gran escala, se indica que este coste se puede rebajar a céntimos. Según pruebas continuas del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), la estimación facial de edad ha mejorado de forma notable con el tiempo. Ese detalle es clave porque rompe una de las grandes objeciones históricas: que estos sistemas eran demasiado malos o demasiado caros para desplegarlos de forma masiva.
Pese a que se venda que la tecnología ha mejorado mucho, y abaratado, como reclamo para su adopción, aún sigue existiendo una zona gris alrededor del umbral legal, donde aumentan los fallos. Y es que hay sistemas que rinden peor con dispositivos con una mala cámara, con ciertos tonos de piel o el procesamiento enteramente local en el dispositivo. Esto implica que los menores pueden intentar engañar al sistema con trucos físicos, máscaras o maquillaje. Es por ello que se plantea una "validación sucesiva". Es decir, progresivos escaneos faciales que podrían escalar a otros sistemas de verificación más robustos en caso de que se ponga en duda la edad.
Australia se ve ya como un gran laboratorio real en cuanto a limitar el acceso a internet a los menos de edad. Desde el 10 de diciembre de 2025, los menores de 16 años tienen prohibido el acceso a las redes sociales. Y desde hoy mismo, todas las webs para adultos, videojuegos para mayores de 18 años, o chatbots capaces de genera este contenido, están obligados a identificar a cada usuario de forma biométrica o con documentación oficial. Antes de que esto sucediera, se indica que ya se habían bloqueado millones de cuentas sospechosas de pertenecer a menores.
Antes las plataformas se excusaban en que la tecnología ni era fiable, y era muy costosa de implementar. Ahora simplemente se están viendo empujadas a adoptar al menos una capa de este ecosistema de reconocimiento de la edad del usuario. Reino Unido ya exige fuertes controles en determinados servicios, Brasil ya ha convertido la verificación fiable de edad en obligación legal para ciertos contenidos. En la Unión Europea, Apple y Google están construyendo la base técnica para escalar estas obligaciones. De esta forma, la verificación de edad está empezando a parecerse a una nueva capa de infraestructura digital. Pese al choque entre la protección infantil, la privacidad, sesgos, falsos positivos y el riesgo de vigilancia excesiva.
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