Intel ha enterrado Intel On Demand sin decirlo abiertamente, pero es oficialmente historia. No hay comunicado (obvio), no hay explicación oficial y no hay defensa del modelo, es un cierre en silencio que, por suerte, los compañeros de Phoronix han visto a tiempo. Solo tenemos hechos técnicos: repositorios archivados, páginas retiradas y documentación congelada, es un adiós que, salvo que Intel diga lo contrario, parece definitivo. El proyecto de Software Defined Silicon desaparece así del mapa, dejando claro que la idea de cobrar por desbloquear funciones físicas ya integradas en la CPU no ha funcionado.
No se podía saber… Claro, como el sistema de pagos por desbloquear funciones de los coches, otra genialidad de alguien que va a ahuyentar a muchos compradores. El mercado ha hablado y la respuesta ha sido fría, al menos, para Intel, pero veamos exactamente qué ha pasado.
Intel On Demand nació como una extensión del concepto de CPU Xeon “preparadas” para más capacidades de las que entregaban de serie. El silicio incluía aceleradores y bloques funcionales completos, pero desactivados por software, capados, para que, lógicamente, la empresa o usuario pagase por ellos a modo de extra.
A cambio de una licencia, el cliente podía habilitar esas funciones cuando las necesitara, pero tampoco pensemos en que era barata como tal, y esto fue lo que parece que terminó de destrozar la estrategia, mala de por sí. En el papel, flexibilidad, pero en la práctica, pagar dos veces por el mismo chip solo por tener funciones extra. Intel lo vendió como una forma de reducir SKU (versiones), optimizar inventario y permitir escalado bajo demanda en centros de datos. El problema es que no coló, obviamente.
La lista de funciones afectadas no era menor, era un reclamo real, porque Intel planteó activar aceleradores como DSA, IAA, QAT o DLB, todos presentes físicamente en determinadas generaciones de Xeon. Incluso se llegó a mencionar un modelo de pago por consumo, no solo de activación puntual, el despropósito total y a la desesperada.
A nivel técnico, Intel hizo los deberes: hubo soporte en Linux, herramientas de gestión y un marco relativamente sólido para aplicar las licencias, que, si bien no era perfecto, era óptimo. El problema no fue, dicho esto, algo técnico, sino que realmente fue conceptual.
Desde el primer momento, la propuesta generó rechazo en el entorno profesional, era un “palo” para sus socios, que veían en esto una especie de “Pay to Win”. Además, no por el precio exacto de cada procesador, que ya tiene “delito” y donde nunca quedó del todo claro, sino por el precedente que puso Intel sobre la mesa con On Demand, así que era cuestión de tiempo que fuese historia.
Comprar hardware incompleto por decisión comercial, no técnica, rompía una de las reglas no escritas del sector que enfureció al mismo tiempo a directos, ingenieros y técnicos. En servidores, el cliente acepta segmentación por modelos, pero no que el mismo chip venga capado artificialmente y desbloqueable bajo pago posterior, y si no, imagina esto en PC y portátiles…. Arde Santa Clara entera.
La realidad es que la sensación de control externo y dependencia del proveedor pesó más que cualquier ventaja teórica, y por ello la adopción real fue mínima. Ahora, el cierre silencioso de Intel On Demand es una rectificación sin admitir el error, que ya es historia de los procesadores y los azules. Intel no explica qué falló, pero el mensaje es evidente y llega desde las propias empresas y socios: el hardware profesional no quiere DLCs, licencias metidas por el gaznate, ni funciones bloqueadas por decisión comercial, de hecho, se pasaron a su gran rival AMD.
Empresas y usuarios quieren lo mismo: claridad, propiedad real y previsibilidad, no es tan difícil, es un modelo que lleva funcionando casi 4 décadas. El fracaso de Intel, otro más, confirmando que On Demand es historia del sector, es algo que todos deben aprender y ha mandado un mensaje claro: no queremos procesadores desbloqueables mediante pago, queremos un producto con todas las funciones de serie, y que cada uno decida qué puede o quiere pagar. Es el modelo que funciona, es el modelo que llevó a Intel al liderato tecnológico. Intentar reinventar la rueda no suele salir bien, y este es otro ejemplo.
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