El mercado de la memoria ha cruzado una línea simbólica que resume mejor que ningún gráfico el momento que vivimos: en China, 100 módulos de memoria DDR5 de 256 GB cuestan lo mismo que un piso en Shanghái. No es una metáfora exagerada ni una provocación o clicbait, sino una comparación directa que ya circula entre distribuidores y analistas, y que refleja hasta qué punto la DRAM se ha convertido en un activo escaso, estratégico y con un precio desligado de cualquier referencia histórica razonable, ni siquiera con el oro.
Ese paralelismo no surge de la nada ni de una lectura superficial, porque aparece en un artículo publicado esta semana en medios financieros chinos, donde se documenta que un solo módulo DDR5 de 256 GB ha superado los 40.000 yuanes, con operaciones reales acercándose incluso a los 50.000 yuanes según el canal y el proveedor.
Parece una broma, pero no lo es, ya se están comparando ambos activos como tal. A partir de ahí, la cuenta es sencilla: 100 módulos equivalen a entre 4 y 5 millones de yuanes. Y es ahí donde entra en juego el mercado inmobiliario de Shanghái, no como anécdota, sino como unidad de medida económica reconocible para cualquier lector chino, que insistimos, ya están comparando a los módulos de RAM DDR5 como una especie de unidad de medida de valor.
Además, Shanghái no es una ciudad cualquiera, más bien lo contrario, porque es el mayor escaparate económico del país y uno de los mercados inmobiliarios más caros de Asia. En zonas no prime, un piso de tamaño medio se mueve precisamente en esa horquilla de 4 a 5 millones de yuanes, así que pasando las cifras a nuestra moneda, al cambio actual estamos hablando de entre 520.000 euros a 650.000 euros, casi nada.
No estamos hablando de villas de lujo ni de ubicaciones exclusivas, sino de vivienda urbana estándar, así que podemos ver cómo de tensionado está allí el mercado. Por lo tanto, cuando desde China se plantea que 100 módulos de memoria equivalen a un piso en Shanghái, lo hace con una base realista, comprensible y deliberadamente provocadora, porque funciona.
Dado que para el primer trimestre de 2026 ya se están firmando contratos con subidas de entre el 50% al 60%, según el tipo de memoria y sector, todo se va a complicar mucho. La pregunta relevante no es si la comparación descrita es llamativa, sino por qué resulta creíble.
La respuesta está en la reconfiguración total del mercado de memoria en los últimos 24 meses. Los grandes fabricantes han priorizado productos de alto margen ligados a servidores de Inteligencia Artificial, aceleradores y centros de datos, desplazando capacidad productiva y reduciendo la disponibilidad de DRAM convencional de gran capacidad. Al mismo tiempo, la demanda no solo no se ha moderado, sino que ha aumentado de forma agresiva, impulsada por despliegues masivos de infraestructura que consumen memoria como si fuera energía.
El resultado es un mercado donde la memoria ya no se comporta como un componente, sino como un recurso financiero, es de locos. Se compra por adelantado, se acapara, se revende y se protege, está funcionando mejor que el oro. El artículo desde China recoge testimonios de vendedores que describen subidas de precio acumuladas superiores al 100% en un solo año, y una sensación generalizada de que la escasez no es coyuntural. No hay señales claras de alivio a corto plazo como ya vimos, porque la capacidad adicional que entra en el sistema se la queda la IA antes de tocar el mercado general.
Si 2028 no es la fecha, si no es el año clave para retomar la normalidad, podríamos terminar la década con precios inflados que harán imposible que cualquiera se monte un PC, se compre un portátil o móvil, o peor, electrodomésticos, coches, aires acondicionados o calefacciones inteligentes. El mercado, sin duda, está loco, y el hecho de que en China comparen la compra de un piso en Shanghái frente a módulos de memoria RAM DDR5 lo demuestra, ¿quién y cómo detendrá esta locura?
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