Blue Origin ha conseguido luz verde de la autoridad regulatoria para meterse en la carrera de los centros de datos orbitales. En concreto, ahora a Blue Origin únicamente le falta recibir el permiso de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) estadounidense para desplegar casi 52.000 satélites solares dedicados a computación para IA. Esta propuesta llega en un momento en el que ya hay dudas técnicas y económicas sobre este tipo de infraestructura. En concreto, sobre la escalabilidad de los centros de datos para IA ante la falta de electricidad y agua potable para su refrigeración. El documento oficial de la FCC confirma el nombre del proyecto, Project Sunrise (Proyecto Amanecer), y detalla una constelación de hasta 51.600 satélites en órbitas heliosíncronas entre 500 y 1.800 km de altura. Estos se apoyan sobre enlaces ópticos entre satélites y una bajada a tierra mediante la red TeraWave.
La noticia relevante aquí no es que Blue Origin vaya a poner mañana a un hiperescalador en el espacio. La noticia más importante es que está intentando construir toda la pila vertical necesaria para hacerlo algún día. Por un lado está TeraWave. Esta fue anunciada en enero como una red de 5.408 satélites orientada a clientes empresariales, centros de datos y gobiernos. Estos ofrecerán velocidades de transferencia de datos de hasta 6 Tbps y su despliegue inicial previsto para finales de 2027. Por otro, Blue Origin ya promociona Blue Ring como una plataforma orbital capaz de alojar carga útil, dar energía, comunicaciones, almacenamiento y hasta funciones de edge/AI computing. De esta forma, Blue Origin no solo quiere lanzar satélites, quiere ser también el integrador de la conectividad, la movilidad orbital y, a largo plazo, también de la capacidad de cómputo.
El argumento de fondo es el mismo para toda la industria. La IA está tensionando la infraestructura terrestre hasta el punto de que electricidad, suelo, agua y refrigeración empiezan a ser cuellos de botella. En concreto, este es el principal problema de Estados Unidos respecto a China. Es por ello que son principalmente compañías estadounidenses como Blue Origin, SpaceX y Starcloud, los que están buscando liderar la creación de centros de datos espaciales para IA. Y es que China podrá estar por detrás a nivel de tecnología, pero le sobra energía y superficie para desplegar centros de datos de IA sin preocupaciones.
Es por ello que Blue Origin vende el espacio como una especie de “segunda capa” de capacidad. Energía solar casi continua, disipación térmica por radiación, menos dependencia de la red eléctrica y menos presión sobre los recursos locales en la Tierra. Esa narrativa no es exclusiva de Jeff Bezos, dueño de la compañía además de Amazon.
En el Foro Económico Mundial ya ha planteado el tema como una posible salida a la presión energética de la IA. Google, con su proyecto de investigación Suncatcher, sostiene que la idea no viola ninguna ley física. Ahora bien, sólo empezaría a acercarse a la paridad económica si los costes de lanzamiento bajan a menos de 200 dólares por kilo hacia mediados de la próxima década. Bezos, además, ya había dicho en 2025 que esperaba que los centros de datos en órbita pudieran superar en coste a los terrestres en un horizonte de 10 a 20 años.
Ahora bien, a diferencia de su competencia, el Proyecto Amanecer sigue estando muy verde. En su presentación a la FCC, Blue Origin pide varias exenciones regulatorias. Admite que el diseño del satélite todavía está madurando, y reconoce que su plan de mitigación de basura orbital será revisado conforme avance el diseño. También indica que aún no ha remitido la información del sistema a la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Por lo que Blue Origin ha formalizado su entrada en la carrera. Pero sí, todavía está en una fase de posicionamiento regulatorio y estratégico, no de ejecución industrial inmediata.
Mientras que Blue Origin está en la fase regulatoria, SpaceX presentó en enero un plan para una constelación de 1 millón de satélites orientados a centros de datos solares para IA. Al otro lado del charco, China ha anunciado un plan a cinco años para desplegar centros de datos espaciales de IA. Todo ello con la ambición de crear infraestructura de "clase gigavatio".
Es decir, esto ya no es solo una idea futurista de Jeff Bezos y Elon Musk, sino una carrera industrial y geopolítica por decidir dónde se alojará parte del cómputación de la IA del futuro. Además, viendo lo que está sucediendo en Irán, donde los centros de datos se han convertido en objetivos, pensar en centros de datos en el espacio como salvaguardas, tiene mucho sentido.
Por otro lado está la mencionada Starcloud. A esta compañía se le ha aliado la propia NVIDIA junto a Rendezvous Robotics para agilizar los centros de datos espaciales para IA. En este caso, la idea es desplegar a miles de satélites interconectados entre sí. Todos ellos se alimentarán mediante un panel solar modular que, cuando se consiga ensamblar en el espacio, tendrá un tamaño de 16 kilómetros cuadrados. En este proyecto también estará metida SpaceX para el lanzamiento de los satélites. E incluso, se podría recurrir a sus nuevos satélites Starlink V3 gracias a ofrecer conexiones a Internet por satélite de hasta 1.000 Gbps.
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